Siempre he sido alergica. Una rama de mi familia tiene un problema inmunitario que hace que seamos más propensos a ellas. No recuerdo vivir sin alergia porque con 1 año ya tenía y con 4 ya pasé pruebas cutáneas a bebidas carbonatadas y resultaron positivas.
No soy psicóloga pero, desde mi experiencia de más de 40 años como alérgica en una sociedad donde apenas había niños que la padecieran, opino que debemos de informarles de forma clara y sencilla para que entiendan lo que supone en su vida y el porqué.
Entre mi mami y un estupendo pediatra aprendí que:
Las burbujas no eran naturales ( el agua del grifo o de los ríos no tienen ) y que había cosas químicas dentro que me dañaban.
Las bebidas con burbujitas hacían que me salieran granos y se me inflamara la boca y eso era peligroso porque no me dejaría respirar.
Era especial porque era delicada, a mi cuerpo no le gustaba eso y hacía que lo rechazara.
A nunca aceptar, bajo ningún concepto una bebida con burbujas, porque era muy malo para mí.
Y fuí al cole con las ideas muy claras. No fué fácil, la gente no te cree o quiere convencerte para que tomes cosas, pero os aseguro que los padres no están siempre y lo mejor es tener a los peques bien informados. Los niños necesitan saber que les pasa, por qué les pasa a ellos y que hacer al respecto. Por eso tenemos primero que informarnos bien nosotros, después hay que explicarselo con palabras adecuadas a su edad y sobre todo frases cortas ( por ejemplo: soy alérgica a las burbujas, si tomo no puedo respirar) y por último y más importante deben saber que hay que hacer en caso de reacción. Ahora hay más conocimiento y conciencia en la sociedad que en los años 70 y 80, pero falta aún mucho por hacer. Por si os ayuda, yo llevé durante años con mucho orgullo una cadenita con una chapa que indicaba mis peores alergias ( sobre todo a los antibioticos ), mi nombre y teléfonos de contacto. Os puedo asegurar que eso me ayudó muchas veces delante de personas adultas que no me creían ni tomaban en serio, me aportaba credibilidad. Los niños son fuertes pero la ignorancia es su peor enemigo. Un niño que sabe explicar lo que le pasa y no tiene miedo a rechazar un alimento es un niño más seguro.
Alergia alimentaria: precauciones en el comedor escolar
Un tercio de las reacciones anafilácticas comienza en el colegio
Los factores de riesgo de las alergias alimentarias se multiplican en el colegio, según algunos expertos.
Un tercio de las reacciones alérgicas que se
producen en los niños tras la ingesta de determinados alimentos se daría
por primera vez en la escuela. Así lo afirma Paloma Ibáñez, presidenta
del Comité de Alergia Infantil de la Sociedad Española de Alergología e
Inmunología Clínica (Seaic). Como señala la experta, esto se debe a que
“es un entorno donde pasan muchas horas y donde los factores de riesgo se multiplican: en los comedores, compartiendo alimentos con los compañeros o en cumpleaños, etcétera”.
A lo largo de la última década, el número de personas que sufre algún tipo de alergia alimentaria
se ha multiplicado. Según la Seaic, las cifras de afectados han pasado
de rondar el 2 o el 3 por ciento en 1992 a situarse en torno al 7 por
ciento en 2005. El mayor incremento se ha observado en niños y adolescentes.
Por esta razón, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica ha
elaborado un documento sobre estándares mínimos internacionales para la
alergia infantil en la escuela, con el fin de homogeneizar los
requisitos mínimos para la seguridad de los niños escolarizados que
sufren alergia en todo el mundo. En España, el Documento de consenso sobre recomendaciones para la escolarización segura del alumnado alérgico a alimentos y/o látex, pretende
orientar sobre la forma de actuar ante una emergencia sanitaria en el
centro educativo. Estas son las consideraciones que deben tenerse en
cuenta para prevenir reacciones alérgicas en los comedores escolares:
Formación del personal: El personal encargado de
la atención y cuidado del alumnado en los comedores escolares debe tener
una formación específica, de manera que pueda detectar y prevenir
posibles problemas de salud, inmediatos u a largo plazo, relacionados
con la nutrición.
Menús especiales: Los escolares con intolerancias o
alergias alimentarias diagnosticadas por especialistas deben poder
optar a un menú especial adaptado a sus necesidades, siempre y cuando
“las condiciones de organización e instalaciones lo permitan”. En el
supuesto de que no existan las garantías necesarias para la elaboración
de los menús especiales, o el coste adicional de dichas elaboraciones
resulte inasumible, el centro debe facilitar los medios de refrigeración
y calentamiento adecuados para que los niños puedan conservar y
consumir el menú especial proporcionado por la familia. En estos casos,
siempre y cuando no exista el derecho a comedor gratuito, la familia
asumirá la parte proporcional de los costes que corresponda por el
servicio de atención y cuidado del alumnado realizado por el personal de
comedor.
Guantes de látex: los cocineros y manipuladores de
alimentos del centro educativo deben evitar el uso de guantes de látex
con el fin de impedir la transferencia de proteínas de látex a los
alimentos, que pueden ser la causa de reacciones anafilácticas en niños
sensibilizados.
La Seaic reclama mayor formación e información en las
escuelas ante los casos de alergia grave. Según Ibañez, "con prevención y
tratamiento de urgencia se podrían evitar situaciones en las que la vida del niño puede correr peligro.
En publicaciones recientes se ha confirmado un aumento considerable de
casos de anafilaxia por alimentos en los niños de 4 a 9 años. Además,
las reacciones graves por alergia a alimentos se potencian en niños que
sufren asma y pueden llegar a presentar una reacción de anafilaxia más fácilmente", alerta.
Dada su gravedad, es crucial reconocer los síntomas de la
anafilaxia "y no demorar inútilmente el tratamiento con los dispositivos
de adrenalina autoinyectable, ya que puede marcar la
diferencia entre una reacción controlada y una reacción grave con riesgo
de muerte. Posteriormente, es esencial que el alergólogo realice un
diagnóstico enfocado al origen de la reacción y educar al paciente, a
sus familiares y a los profesores sobre cómo evitar la causa
desencadenante, cómo reconocer la reacción alérgica y cómo actuar ante
posibles nuevos episodios", destaca la experta.